En el imaginario de la ciencia ficción clásico, son comúnmente aceptadas -y repetidamente usadas en infinidad de filmes- las tres leyes de la robótica que acuñó el genial escritor e impulsor del género, Isaac Asimov. Pero pocos conoces la ley cero de la robótica. Una ley, que como el anillo único de poder que gobernaba a todos, prevalece sobre las otras tres pues su fin es mucho más elevado y primordial: la preservación de la humanidad. Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño. Nosotros, lejos de ponernos trascendentes, somos firmes amantes de la robótica, la automatización y todo lo que la tecnología aporta para la mejora de la humanidad, en lugar de amenazarla con su extinción. Y dentro de ese mundo, pocas veces habíamos visto cosas tan absolutamente revolucionarias no solo para la propia industria sino para la vida cotidiana de las persona y su forma de relacionarse con el mundo, las marcas y los servicios que todos requerimos. Esta semana, marcada por el omnipresente Mobile World Congress, se ha hablado mucho de comunicación, movilidad y transformación digital. El vehículo conceptual que ha desarrollado Toyota, el e-Palette, reúne todos estos campos en una única idea: una unidad móvil autónoma que On Demand y a domicilio te provee de todo aquello que necesites en cada instante, sean unas nuevas zapatillas deportivas para salir a correr, una cama para echar una cabezada reconfortante cuando te duelen hasta las pestañas o una relaxing cup of café con leche sin tener que ir a la Plaza Mayor. Vamos el invento de inventos, la revolución de revoluciones. ¿Qué nos vamos a convertir en individuos más autónomos y menos sociales? ¿Quién dijo que no podemos compartir esta nueva forma de vivir con los demás? Compartan y vivan.

 

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