Este escrito podría haber sido una oda al maravilloso y emblemático helado rosa de la popular marca de helados, el archiconocido y siempre deseado Frigopie. Con su saborcito a fresa y nata, su entrañable forma de extremidad inferior, que saciaba los deseos tanto de los fetichistas chupópteros de pies que podían dar cuenta del helado a lambetazos, como de los pequeños caníbales con afición a devorar el manjar poquito a poquito, con sutiles mordisquitos.

Pero no, pese al simpático aspecto y packaging de los “helados” que hoy os descubrimos, la realidad que hay detrás de los mismos es mucho más sucia y cruel. Sucia, porque son helados elaborados a partir de aguas contaminadas de Taiwan; y cruel, porque tener que lanzar iniciativas de este tipo para dar viabilidad a un problema natural de tal magnitud, como es la contaminación de nuestros mares y ríos.

No obstante, aplaudimos iniciativas de este tipo, llenas de talento y creatividad puestas al servicio de la denuncia social y la condena velada hacia la dejadez de ciertos gobiernos e instituciones a la hora de abordar las crisis medioambientales.

A este paso, el bueno de Andrés Iniesta en lugar de decir Kalise para todos, tendrá que decir Putrefracción para todos.

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