Cuando la investigación se pone al servicio de causas que contribuyen a mejorar la vida de las personas, deja de ser algo frío y científico para convertirse en pura magia humana. Como este casco que logra frenar uno de los efectos secundarios estéticamente más visibles en los enfermos de cáncer sometidos a quimioterapia. ¿Qué puede haber más mágico que devolver la sonrisa a una persona paliando los efectos de una enfermedad ya de por sí devastadora? Sin lugar a dudas, en un mundo ultra conectado es en estos casos cuando la tecnología ejerce una labor social y humana de incalculable valor que va más allá de hacernos la vida más fácil o más entretenida. Estamos hablando de hacer mejor la vida de las personas y, por tanto, de contribuir a hacer un mundo mejor en el que vivir.

 

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