Hay una escena de la genial, mítica e imprescindible serie (para nerds y no nerds) The Big Bang Theory en la que Howard Wolowitz, el ingeniero judío que empieza siendo una especie de depravado sexual inocente y que acaba como responsable padre de familia, compra una impresora 3D junto al resto de ese entrañable grupo de científicos locos e infantiloides, pero adorablemente adictivos. ¿Lo primero que se le ocurre imprimir? Un muñeco a escala de él mismo. Cuando se lo enseña a su esposa, la doctora Bernadette Rostenkowski, y después de preguntarle sobre el precio que ha pagado por la máquina en cuestión, ésta le increpa diciéndole: ¿Has pagado ese dinero por un muñeco? Con su habitual desparpajo y particular sentido del bien y del mal, el ínclito Wolowitz le contesta: “No he pagado eso por un muñeco; es por todos los muñecos que queramos”. Aunque sin pretenderlo, esa escena cómica nos da un perfecto ejemplo de una aplicación creativa de la economía de escala y optimización de costes. Pero, ¿y si alguien se lo toma en serio y decide producir, en lugar de muñecos, motocicletas eléctricas totalmente operativas para circular con esta tecnología? La verdad es que en el video que os dejamos aquí nos ha impresionado gratamente. No sabemos si las sensaciones de conducción serán parecidas a las que se sienten a los mandos de una Kawasaki Ninja H2R, pero siempre nos gusta aplaudir aquellas iniciativas que van más allá de lo establecido. Aunque quizás habría que buscar una expresión alternativa a la de…¡gas a fondo!

 

 

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