Entre Groucho y Karl, siempre preferí a Groucho. Y no es que “el otro Marx” no me caiga en gracia, al contrario, creo firmemente que incluso en nuestras sociedades ultra dominadas por el capital los brotes Marxistas, a menos en cuanto a discurso, ayudan a construir entornos sociales de mayor conciencia e igualdad; o a luchar por ellos. Pero la particular forma de entender la vida del mediano de los hermanos Marx y la fina ironía a la hora de resolver dilemas morales aparentemente complejos hacen del bueno de Groucho un referente incuestionable no sólo en el humor, sino con un legado de arraigo social y cultural. “Pienso vivir para siempre o morir en el intento” decía Groucho. Y precisamente de intentarlo va esta idea a la que hoy damos cabida en éste, nuestro personal contenedor de proyectos, locuras y reflexiones. Porque en una sociedad resultadista, a veces lo más importante no es lograrlo sino intentarlo a pesar de todas las dificultades, oposiciones y antecedentes infructuosos. 

Desde hace casi 50 años, Zumra Nuru, un campesino e idealista etíope adquirió unos terrenos en la región de Bahar Dar, al norte de Etiopía en la que creó una comunidad bajo unos principios encomiables: igualdad entre hombres y mujeres, democracia asamblearia, reparto equitativo de la riqueza o sanidad gratuita entre otras muchas cosas. Una sociedad comunista en toda regla, que más allá de los desvaríos y las malas praxis bolcheviques, coge lo esencial de la doctrina, potencia la parte humana y solidaria e intenta demostrar que aquello que creíamos utópico quizás, con buena voluntad, altruismo y valores, no lo sea del todo. Pero ya se sabe, estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

 

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