“Puedes atrapar el viento, llevar a casa el mar, evitar que pase el tiempo, pero no puedes, no puedes dejar…No, no puedes dejar el rock”.  Así reza el estribillo de una canción de Los Suaves, una de las bandas de hard rock nacional de mayor éxito en la historia de la música en español. Más allá de lo bucólico y a la vez determinista de la frase, efectivamente, para todos aquellos amantes del rock en cualquiera de sus variantes o de la música en general se hace difícil concebir un mundo en el que la banda sonora de nuestra vida fuera el silencio. A veces es sano y mentalmente constructivo adentrarnos en el terreno de los “y si…” y proyectar nuestra existencia en un mundo paralelo donde las circunstancias que nos rodean fueran totalmente diferentes a la realidad que vivimos. Y si tuviéramos dañado nuestra facultad auditiva, ¿podríamos seguir disfrutando del concierto de nuestra banda de rock favorita? Sobre el papel, no. Pero en el mundo de lo estándar y lo encorsetado, siempre hay gente que piensa, mira y hace cosas más allá de los límites en los que nos han enseñado a entender la realidad. Lindsay Rothschild-Cross es una de esas personas, y puso toda su fuerza, entrega y pasión para trasladar toda la energía de un concierto de rock metal a la lengua de signos para hacer de la música, ahora sí, el lenguaje verdaderamente universal. ¿Osado? Quizás. Pero, indudablemente una gesto que hace de éste, un mundo un poco más democrático. Y si…

 

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