Como la mayoría de cosas que pasan por el filtro de la estupidez humana, a veces iniciativas que nacen con buenos propósitos se nos acaban yendo de las manos y se convierten en supinas muestras de la imbecilidad de la que a veces hace gala nuestra querida raza, más preocupada por aupar a eunucos mentales como adalides de la popularidad que en dar valor a todo aquello que nos hace avanzar como sociedad y como seres humanos. Una de esas pamplinas estériles en las que hemos invertido y perdido mucho tiempo como humanidad es el fenómeno de los #challenge, en los que unos usuarios retan a otros a culminar algún reto más o menos ingenioso o estúpido, con o sin motivo aparente. En sus inicios, este tipo de iniciativas encadenadas pretendías la sensibilización hacia una causa determinada implicando los esfuerzos de gente anónima y popular; pero poco a poco y fruto de esa idiotización colectiva en la que nos vemos inmersos, han acabado siendo una serie de ¿retos? sin sentido ni interés para aquellos que buscan en el postureo una forma de revalorizar sus insulsas existencias. Pero como en todo, siempre existen las excepciones que hacen honor al leitmotiv del asunto, como en la iniciativa que os traemos hoy: un challenge de los que importan, en el que se conmina a los usuarios a recoger el antes y después de una zona que necesite de tareas de limpieza a re-acondicionamiento urgente, ayudando de esta forma no sólo a acabar con la suciedad de un lugar concreto, sino a hacer visibles los efectos de la acción humana sobre el planeta, y concienciarnos que con el esfuerzo colectivo está en nuestras manos revertir la situación. Ese es el auténtico reto.

 

 

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